LA COMADRE

SUSANA PAGANO

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Vi a la Virgen, comadre. La comadre se le quedó viendo con ojos entrecerrados. Con ganas de soltar la risa pero conteniéndose. Le estoy diciendo que la vi. La mujer más entrada en años que en carnes miró a la madrina de cuatro de sus siete hijos. Tantas cosas que vivieron en la juventud, tantos amores frustrados que lloraron juntas, tantas copas que se les pasaron en las fiestas del pueblo y tantas veces que acabaron vomitando atrás de la nopalera… Se acompañaron en bodas, velorios, bautizos, fiestas patronales y algún que otro novio que se trapichearon… para que ahora le saliera con esas pendejadas. 
     No mame, comadre, ni que fuera usted tan especial, dijo y levantó su larguirucho cuerpo para irse al zaguán a ver si ahí refrescaba un poco más que acá. Es que está haciendo un calor de infierno, se excusó. La comadre la siguió. 
     Le estoy diciendo que vi a la Virgen. Se sirvió mezcal en un vaso tequilero y se lo empujó de un jalón. La otra comadre, la escéptica, se le quedó mirando muy intrigada. 
     Bueno, ¿y qué pues, con la Virgen?

     Me dijo cosas muy terribles. 
     Ah cabrón, y cómo cuáles, oiga. 
     Pero no me habló con palabras sino con el pensamiento, yo supe lo que me quería decir sin que tuviera que abrir la boca. 
     Oiga comadre ¿y está segura que lo que está tomando es mezcal?, no se lo haigan cambiado sus chamacos por baba de peyote, ya ve que son bien cabrones. 
     La Virgen me habló de usted y de sus negocios fuscos. 
     La comadre ahora sí que la vio con ojos de azoro. Se dio cuenta de que el asunto se estaba volviendo de un color un poco más de hormiga de lo que se imaginó. 
     ¿Cuáles negocios fuscos, oiga, si usted me conoce de toda la vida y sabe santo y seña de todo lo mío? 
Pues ya está visto que no de todo, yo no le conocía esos negocios. 
     Qué la canción con los negocios, no sea necia comadre, yo no tengo negocios con nadie, ni fuscos ni claritos ni de ningún tipo. 
     Que sí, que la Virgen me lo dijo y yo que creía que era usted ley. 
     A ver, si estuviera yo en negocios fuscos, como dice, ¿no cree que tendría un techo de losa y no de lámina en mi jacal? 
     No pues eso sí. 
   ¿Y no cree que tendría una lavadora en vez de andar bajando al río?, ¿y mi estufa sería de gas y no de carbón?, ¿y el inútil de mi marido no se habría ido con la pelanduzca ésa? 
     No pues eso sí que no. 
     Ay comadre, cómo es usted de a tiro taruga de veras… páseme el mezcal, ándele. 
     Ambas se sirvieron sendas copitas de mezcal y bebieron en silencio durante un rato. 
     También me dijo la Virgen que se anda usted sabroseando a mi marido, comadre. 
     La comadre escupió el trago de mezcal. No, comadre, eso no se lo dijo la Virgen, eso se lo dijo la chismosa de la Minerva porque ésa es la que se lo anda sabroseando, amasando y engarruñando, para qué más que la verdad. 
     ¿En serio? 
     En serio. 
     ¿Y por qué no me lo dijo antes? 
     Porque no me lo preguntó antes. 
     También me dijo la Virgen que no le pusiera las hierbitas al mezcal, pero yo se las puse de todas formas. 
     Cuáles hierbitas. 
     La comadre sintió un ligero retortijón en las tripas. 
     Pinche comadre, ya me envenenó, ¿verdad? 
    ¿Y como para qué la iba yo a envenenar, comadre, si envenenada ya está usted?… mire que sabrosearse a mi Graciano me parece una mulada, pero hacer negocios sin participarme, eso sí que no se lo paso… ya me dijeron que se compró un ranchito más para allá, hacia la laguna. 
     Siguieron los retortijones y el tronadero de tripas era cada vez más fuerte. 
     También supe que se hizo de tres vaquitas y un semental… eso cuesta, comadre, y mucho. 
     La comadre empezó a echar espuma por la boca, ya no podía hablar, los ojos parecía que se le iban a salir de las cuencas. 
    Yo le hubiera regalado al Graciano con mucho gusto, comadre, de todas formas pinche saco de huesos inútiles… pero mire que dejarme fuera del negocio sí me caló. Por eso le puse las hierbitas a su mezcal de usted… Y de la Minerva ni se preocupe que ya también le eché sus pastitos a su tequila de ella. Justo ahorita ha de andarse retorciendo en la cama junto con el Graciano. 
     La comadre se desmadejó hasta el piso, como baba de nopal. 
    Váyanse todos mucho a la chingada, le susurró al oído como si la comadre todavía pudiera escucharla… y eso no me lo dijo la Virgen… porque eso merito sí que lo dije yo, namás faltaba.