EL FLAUTISTA

SUSANA PAGANO

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Es algo parecido a un flautista de Hamelin. Con su voz melodiosa va atrayéndolas hacia su telaraña de mentiras y engaños. Les dice palabras lisonjeras, les habla de todo lo que ellas quisieran escuchar. Las seduce, las encanta, las lleva con su flauta de Hamelin hacia su cueva de perdición y mezquindad. Y luego ellas se vuelven tontas y sordas. Creen estar bien. Creen que pueden permanecer en su sueño idílico maquinado por ese ser vil y mentiroso. Después, mucho después, se dan cuenta de la trampa, de que esa melodía en realidad era para otros oídos, de que nunca fueron ellas objeto de su real afecto. Es un depredador, un misógino y un megalómano. Tiene el colmillo de cien lobos afilado hasta el suelo…
      …por eso caen
      …por eso son presa fácil
      …por eso se dejan salmodiar, engañar, engatusar, desvirgar, violar, estafar. 
      También tiene los ojos de un lince entrenado… 
      …entrenado para encontrar a la víctima ideal, para ver las cualidades, los atributos, los encantos que se han de explotar. 
      La boca la tiene grande para poder hablar todas esas palabras que hacen desvariar, pero sus labios son carnosos para chupar hasta la última gota de sangre. 
      Y ellas lo siguen, lo idolatran, lo tratan como amantes
      …como madres
      …como hijas
      …como hermanas. 
      Son tontas, son ingenuas, son volátiles. 
   Pero llegó entonces el día en que se dieron cuenta de que eran explotadas, humilladas, ultrajadas, vilipendiadas. 
      Y decidieron actuar. 
      Hacerle pagar por sus tropelías, por sus injusticias y malos tratos. 
      Pero no lo hicieron a golpes, ni a gritos, mucho menos usaron las armas. Les tomó su tiempo y en el camino se tropezaron con más abusos y otros atropellos. Algunas, incluso, murieron en el camino. Pero fueron pacientes. Muy pacientes. Primero dejaron de guisarle, de lavarle la ropa y decidieron ya no pedirle dinero. Más adelante ocuparon cargos públicos y de responsabilidad. También hubo las que se volvieron artistas y transformadoras de lo establecido. Más tarde dejaron de tener sexo con él  y ya no le dieron hijos. Se los hicieron a sí mismas. Cuando vieron que ellas sí que no dependían de él, lo dejaron solo a que se pudriera en su miseria, en su egoísmo recalcitrante. 
      Y tomaron su camino. 
      Se habían transformado en sí mismas… y en las diosas que en realidad siempre fueron.